Claudio Rafael Sepúlveda es docente en Cinco Saltos, Río Negro, una ciudad de no más de 25 mil habitantes, adonde casi dos décadas atrás llegó el cura entrerriano Carlos Alberto Benavidez, hasta entonces máximo responsable de la Renovación Carismática Católica.

Había comenzado su primer año como docente -obtuvo el título en 2002- y participaba de los grupos parroquiales en San Juan Bosco, donde Benavidez estuvo hasta 2009. No eran amigos pero entre ellos había una cercanía propia del trabajo en la iglesia. Un día, después de terminar de dar clase, fue a la iglesia a reunirse con Benavidez.

El nombre de Benavidez estuvo rodeado del escándalo a partir de la decisión que adoptó la Iglesia de Paraná, el 10 de junio último cuando lo retiró de su función de párroco en San Ramón Nonato, de Nogoyá. Aunque la curia manejó la cuestión con sigilo, rápidamente se viralizaron chats en los que el cura ofrecía sexo a cambio de dinero. Luego, se presentaron dos denuncias en la Justicia, que fueron archivadas, aunque en paralelo se abrió una investigación canónica que todavía continúa.

Lo que ocurrió en Nogoyá no es el primer escándalo que rodea al cura. Lo cuenta Sepúlveda, desde el Sur del país: cuenta lo que ocurrió allá con Benavídez.sepulveda

-No recuerdo bien qué año fue. Benavidez estuvo en Cinco saltos y después lo trasladaron a Villa Manzano, a 30 kilómetros.  Yo soy docente, y estaba en mi primer año de trabajo. Tenía 27 años. Un día me acerco a la aparroquia. Esto fue a mediodía, después de mi jornada de trabajo a la mañana. Ahí es donde charlamos, compartimos algo, creo que almorzamos, y después de eso me hace una invitación. Me dice si quería tirarme un rato para descansar. Voy a una habitación que no era su habitación. En eso, se me acerca, y me dice que había curado la homosexualidad. Que podía hacerlo conmigo: curar mi homosexualidad. Yo soy gay y militante de la diversidad sexual, pero en ese momento no lo había dicho abiertamente, pero él lo sabía.

-¿Qué pensaste cuando escuchaste la propuesta de curarte la homosexualidad?

-No pensé nada. Mi mente quedó en blanco. Me contó cómo curaba la homosexualidad. Empezó a tocarme. Yo recuerdo que lo miré, me reí, y le dije: “No me estás provocando nada”. Y me fui. Mi mente quedó en blanco. Y no lo hablé, para mí pasó ese acontecimiento y nunca lo charlé con nadie. Sólo hasta hace unos años atrás lo pude compartir con una amiga, pero como un hecho aislado, al que no le quise dar mucha trascendencia. Y después de leer las noticias de Entre Ríos sobre Benavidez, el tema volvió, y lo hice público: lo conté en Facebook. Hasta a mi mamá se lo conté.

-¿Qué te dijo tu mamá?

-Mi mamá es como muchas madres. Es una persona que significa un apoyo muy grande para mí en todo lo que ha sido mi vida, y en ese momento cuando lo hablamos, se quedó asombrada, fue duro para ella. “No sé qué decirte”, dijo. Charlamos bastante. Y en un momento me dice: “Tenes que contarlo”. En estos días he hablado mucho con gente cercana sobre el modo macabro de manejarse que tenía el cura. Recuerdo que yo estuve mucho en la iglesia, y el tema de la homosexualidad no era fácil hablarlo. Muchos años lo viví como una culpa, como un pecado. No es un dato menor este. Tenía un peso muy fuerte en ese momento. Al momento que me pasó eso con el cura yo no lo había hablado, no había salido del closet.  Ahora, cuando lo revivo y lo puedo contar, me doy cuenta cómo lo había tenido escondido, cómo no lo había podido hablar con nadie. Y siento lo que significa. Estos días han sido terribles desde el día que lo conté. Revivir algo que yo pensaba que estaba cerrado.

-Cinco Saltos es una ciudad chica. ¿Qué repercusión hubo?

-La gente está conmocionada. Y por supuesto, que he recibido muchos llamados y mensajes acompañándome, mensajes de gente que está en la Iglesia, que es practicante, y que me dice que me cree, que me acompaña, que entiende por lo que pasé. No aparecen nuevos casos. Pero sí dicen que era raro el cura, que a mucha gente no le caía bien, que habían escuchado de favores sexuales. Benavidez llegó un día trasladado acá y no sabemos por qué. Vienen a prestar servicios de otras diócesis y nunca queda muy claro por qué los trasladan.

-¿Por qué decidiste contarlo?

-Yo ahora estoy en el sindicato docente de Neuquén. Soy secretario de Género y Derechos Humanos. Parte de mi labor es acompañar para que se implemente la educación sexual integral, abarcando todos los ejes, uno es la diversidad, y acompañar a las compañeras que sufren violencia de género. Y eso fue lo que me impulsó a hablar. No hay que permitir que esto suceda y yo siempre estoy impulsado a que la gente cuente, hable. Entonces yo no me podía quedar en silencio.

-¿Qué pasó después de que hablaste?

-Yo siento que con esto estoy cerrando una herida que estuvo abierta y que yo no lo había sentido. Tiene que ver con este proceso que viví con mi niñez y adolescencia con la sexualidad y homosexualidad. Finalmente, después de que me pasa esto, al año siguiente, yo puedo decir abiertamente que soy gay, salgo del closet, y la verdad que para mí haber salido del closet fue maravilloso. Vivir mi sexualidad libremente. Haber compartido con las personas que yo elegí parte de mi vida. Y siento que estoy cerrando un capítulo de mi vida que estaba abierto.

 

Fuente: Entre Ríos Ahora

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