Beatriz Piedrabuena es una enfermera de la ciudad de Santa Elena, del departamento La Paz, cuya historia de superación parece estar reservada a series de televisión o películas on demand.

Beatriz, o Betty, como le dicen sus conocidos, es oriunda de Buenos Aires y a sus 50 años consiguió convertirse en Licenciada en Enfermería, y lo hizo junto a una de sus hijas, Lorena Ancery, de 27.

La graduación de ambas fue el jueves 19 de diciembre de 2019, en la Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional del Litoral (UNL). Aquel día, madre e hija se pararon ante dos profesores y expusieron el trabajo final que les quitó el sueño. Luego vinieron los festejos habituales: el abrazo con los compañeros de curso y las fotos de las nuevas Licenciadas.

Al día siguiente, Lorena compartió en su Facebook que aquel logro no hubiese sido posible sin el increíble esfuerzo de su madre. Contó, en resumidas cuentas, que aquella sonriente mujer de la foto sufrió una dura situación de violencia de género que la obligó a marcharse de su hogar junto a sus cinco hijos, en busca de una nueva vida.

Los seis dejaron su hogar la madrugada del 8 de abril de 2005, mientras una lluvia arreciaba la ciudad de San Francisco Solano, en Buenos Aires. Todos salieron literalmente con lo puesto.

Vivieron alrededor de cinco o seis meses en un hogar para personas en situación de calle en Lomas de Zamora; y visitaron cuanto comedor existiera, sea comunitario o de alguna congregación religiosa. La vida los llevó a Santa Elena, y a un nuevo hogar cerca del río Paraná donde volvieron a empezar.

Resiliencia: superar la adversidad. Ese concepto resume la foto que publicó Lorena el 20 de diciembre en su perfil de Facebook. La protagonista de la imagen es su madre, a quien se la ve sonriente sosteniendo una pequeña cartulina que dice “Díganme Licenciada!!!”. Detrás, el ornamento de la UNL, una de las universidades más prestigiosas del país.

En el posteo, Lorena escribió: “Ojalá pueda verla ese hombre que nos maltrató durante años, el mismo que la dejó sola en la calle con 5 chicos…Ojalá puedan verla las autoridades del hogar de tránsito donde vivíamos, junto con ella, mis hermanos y yo un tiempo…Ojalá puedan verla las autoridades de la escuela nocturna donde hizo la secundaria ya adulta…Ojalá pueda verla el profesor que haciendo la carrera de enfermería le dijo que era una persona grande y nunca iba a llegar a ser enfermera…ojalá puedan verla!!!”.

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“Es la misma que hizo dedo tantas veces porque no tenía para el pasaje, la que llegaba casi dormida para cursar porque salía de trabajar y eso no era excusa para faltar!! Ojalá la puedan ver como la vemos nosotros, sus hijos: una mujer fuerte, la que ama incondicionalmente, es nuestra amiga con todo lo que eso representa…te amamos tanto ma!!! Se me infla el pecho de decir que sos mi mamá!!! Te admiro! Estoy muy orgullosa de vos!”, agregó.

De un hogar de tránsito a Santa Elena

Lorena contó a Entre Ríos Ahora que todo empezó en 2005. “Hace 15 años que nos vinimos de Buenos Aires, literlamente escapando de mi papá. Vivíamos en una casa con un papá violento y alcohólico. Una madrugada ella dijo: ‘Nos vamos’”, rememora.

Se fueron con la urgencia de una tormenta que persistía. Pero no era una de índole climática: era de violencia física, psicológica, simbólica y económica.  “Algo que me marcó fue que lo único que levantó mami para irnos fue una carterita donde tenía sus documentos y los nuestros, y los guardapolvos y las mochilas”, relata la joven.

De San Francisco Solano fueron a parar a un Hogar de Tránsito en Lomas de Zamora, al que sólo podían ingresar por la noche para dormir. Beatriz andaba por el mundo, ese mundo, junto a cuatro hijas mujeres: una de 18 años, unas mellizas de 10 y Lorena de 12. Y un varón, el más pequeño, de 6.

“Pasamos una historia fea de violencia, en donde decidí venirme a Santa Elena. Eran muchos años de aguantar. En Buenos Aires tuve épocas de comer en una capilla y a la tarde buscar una copa de leche para mis hijos. En ese momento tenía la Asignación Universal por Hijo. Sólo con eso vine. Después trabajé en casas de familia. En Santa Elena empezamos de nuevo. Una vez que me recibí de enfermera me cambió la situación porque los pude ayudar mejor a los chicos, y hasta la vida me mandó nietos”, dice Beatriz, que actualmente trabaja en el Centro Pediátrico de la localidad del norte entrerriano.

Durante aquellos meses en los que la familia debía pernoctar en un hogar para personas en situación de calle, los cinco hijos de Beatriz continuaron la escuela. Los inscribió en instituciones que contaban con clases de mañana y talleres por la tarde. “Así no estábamos durante el día en la calle”, explica su hija Lorena y agrega que mientras ellos aprendían su madre trabajaba de lo que fuera: limpiando casas, barriendo patios y haciendo las compras a vecinos de la zona.

“La plata que juntaba era para el pan nuestro. Así pasamos más de tres meses. Los fines de semana nuestro entretenimiento eran los trenes: salíamos de donde empezaba el recorrido hasta donde terminaba. Para nosotros era un paseo, pero en realidad era la única manera de escapar de estar todo el tiempo en la calle. Además, conocimos una inmensidad de comedores, de la religión que busques”, dice la joven profesional, quien actualmente se desempeña como enfermera en el Hospital San Roque de Paraná.

A mediados de 2005 la abuela materna los contactó y les ofreció viajar a Santa Elena, a empezar una nueva vida. Hasta allí fueron y se afincaron en el barrio Fátima, cerca de la escuela homónima, las barrancas y el río Paraná.

Lorena llegó en el momento justo: con sus nuevos compañeros de colegio fueron los creadores de la bandera de Santa Elena. Desde entonces la bandera preside actos escolares, oficiales y oficinas públicas.

“Díganme Licenciada”

En Santa Elena, Beatriz consiguió trabajo y, a la vez, decidió terminar el secundario. Se inscribió en el Bachiller Acelerado para Adultos (BAPA), que funciona por la noche en la Escuela N° 76 Maipú. Ingresó en 2008 y terminó en 2011. “En ese tiempo hacía todo junto: trabajaba en el Hogar de Ancianos y estudiaba mientras cuidaba a los abuelos. Así pasé los tres años del BAPA”, comenta.

Luego se lanzó a completar una carrera universitaria. Estudió Enfermería en la única cohorte que abrió en la ciudad la Universidad Autónoma de Entre Ríos (Uader). Lorena, por su parte, se formó en Hasenkamp.

“Mi mamá me ayudó un montón. Yo estudiaba con los apuntes y fotocopias que eran todos de ella. Yo le pedía ayuda para un trabajo y era como cuando era chica, se sentaba al lado mío y la hacíamos. En 2017 empezamos la Licenciatura en Santa Fe. Ahí fueron los dos años y medio”, cuenta Lorena.

En diciembre de 2019, madre e hija lograron convertirse en Licenciadas en Enfermería en la UNL. El título lo coronaron con la exposición de un trabajo final sobre los factores que predisponen a la presencia del asma en los pacientes pediátricos que viven cerca de un basural de Santa Elena y una ladrillería.

Sobre la experiencia de haber estudiado juntas la carrera universitaria, ambas destacan el fuerte vínculo afectivo que las une. “Ella es mi amiga, yo le he dicho cosas que jamás le dije a nadie y ella también. Es una relación tan linda estudiar juntas”, dice Lorena.

Beatriz añade: “La experiencia de estudiar con mi hija fue especial. No todos sabían que éramos madre e hija y cuando lo sabían quedaba sorprendidos porque hay un gran compañerismo entre nosotras”.

Actualmente, Beatriz sigue estudiando. Realiza dos posgrados: uno de Gestión y Administración en Servicio de Salud, en Paraná; y otro Salud Comunitaria en Concepción del Uruguay. “En el futuro me gustaría dar clases de enfermería. Estoy queriendo hacer otro posgrado, para la parte pedagógica”, comenta del otro lado del teléfono.

Finalmente, deja su mensaje: “A una persona que esté pasando por lo mismo que pasé le digo que uno no puede cambiar a una persona; uno pierde tiempo, vida. Uno tiene que pensar en uno y los hijos. Es lo que yo pensé. Yo pensaba: ‘No puedo sacarlos de acá’. Pero lo único bueno era el techo, porque lo que estaba adentro no estaba bien. No está bien criar a un hijo entre violencia. Un día mi nene de 5 me dijo: ‘Mamá, vamos, porque va a venir y te va a pegar’. Ahí nos fuimos”.

Los datos de la violencia de género en Entre Ríos

Un informe del Registro Judicial de Causas y Antecedentes de Violencia (ReJuCAV) de Entre Ríos, que funciona en la Oficina de Género del Superior Tribunal de Justicia, registró que en el periodo enero-septiembre de 2019 hubo un total de 10.087 denuncias  por violencias de género: 3.844 fueron casos de violencia contra la mujer; y 4.744 por violencia familiar. 

En Entre Ríos, desde 1998 está vigente la Ley Nº 9.198 de Prevención y Asistencia de la Violencia Familiar. En 2012, la provincia adhirió –a través de la Ley N° 10.058-, a la ley Nacional Nº 26.485 “De protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que se desarrollan sus relaciones interpersonales”.

La Ley promueve una mejor coordinación de políticas públicas entre organismos nacionales y provinciales, incluye todos los tipos de violencia: física, psicológica, sexual, económica-patrimonial y simbólica; y todas las modalidades de violencia: doméstica, institucional, laboral, contra la libertad reproductiva, obstétrica y mediática.

 

 

Autor: Gonzalo Núñez

Fuente: Entre Ríos Ahora.

 

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