La Cámara de Casación Penal de Paraná rechazó agravar la condena que pesa sobre Hugo Alejandro “Papucho” Rivero, condenado en 2017 por el homicidio imprudente o culposo de su amigo Sebastián Espinosa, ocurrido en Santa Elena el 4 de mayo de 2015.

La familia de Espinosa había apelado el fallo del Tribunal de Juicio y Apelaciones de Paraná, que condenó a Rivero a la pena de tres años de prisión condicional por homicidio culposo o imprudente. El joven no fue a la cárcel, sino que se le aplicaron la realización de tareas comunitarias a razón de 8 horas mensuales en una entidad.

El 10 de septiembre pasado se llevó a cabo la audiencia de Casación en la que el abogado de la familia Espinosa, Roberto Alsina, solicitó anular la condena y dictar una nueva, con el fin de endurecer la pena y enviar a Rivero a prisión.

En el fallo al que tuvo acceso La Sexta, la Cámara de Casación Penal, de forma unánime, rechazó el planteo y confirmó lo resuelto en primera instancia, tal como lo solicitaron la defensa de Rivero y el fiscal de La Paz, Facundo Barbosa. Ante esta nueva resolución, la familia de la víctima podría apelar ante la Sala Penal del Superior Tribunal de Justicia (STJ).

EL HECHO 

En el juicio quedó establecido que los primeros minutos del 4 de mayo de 2015, Espinosa, de 24 años, ingresó acompañado de dos amigos a la estación de servicios Rhasa -ubicada en la intersección de Avenida Presidente Perón y calle Tratado del Pilar de Santa Elena-, para hacer una carga virtual. Allí estaba Rivero, quien atendía el kiosco del lugar. 

Tras intercambiar bromas por la buena relación que tenían, el empleado sacó una escopeta que había debajo del mostrador y le apuntó a la víctima. El arma se disparó por accidente e hirió de muerte a Espinosa, quien falleció a los pocos minutos. Rivero intentó reanimarlo pero fue en vano. Cuando la Policía llegó al lugar, confesó el hecho. 

Dos años y tres meses después, el 3 de agosto de 2017, Rivero fue condenado a tres años de prisión condicional por homicidio culposo por el Tribunal de Juicio y Apelaciones de Paraná, integrado por los jueces Alejandro Grippo, José María Chemez y Cristina Van Dembroucke. La querella había pedido ocho años de cárcel por homicidio simple con dolo eventual.

POSTURA DE LAS PARTES

En la audiencia de Casación del 10 de septiembre, las partes expusieron sus posturas sobre el caso. El abogado querellante de la familia Espinosa, Roberto Alsina, solicitó que el hecho investigado debió ser calificado como homicidio con dolo (eventual) y afirmó que se valoró “en forma incorrecta la prueba y consecuentemente una mala aplicación del derecho al haber subsumido los hechos en una figura penal como es el homicidio culposo”.

“El señor Rivero no solo tomó el arma y apuntó, sino que la cargó, la  montó y apoyó el dedo en el gatillo, necesariamente se debió representar esa posibilidad, y ahí está el error, más allá del arrepentimiento y amistad, reiteró, cometió un hecho que debió representarse”, dijo al peticionar que la sentencia de primera instancia sea anulada y que se emita una nueva con la calificación más gravosa.

Por su parte, el fiscal de La Paz, Facundo Barbosa, consideró correcta la calificación de homicidio culposo que le dio el Tribunal de Juicio, y señaló que en el juicio se expusieron sólidas pruebas de cómo se produjo el trágico hecho.

El fiscal mencionó que se estableció un “desconocimiento por parte de Rivero respecto de las características del arma que manipulaba, que estaba pulida, mecanismo gastado, con gatillo celoso, que estaba restaurada, sin ningún tipo de seguro”.

“Es ese desconocimiento del arma y el desconocimiento en general del manejo de armas por parte de Rivero lo que permite concluir que existió una falta de representación del riesgo causado, esa falta de representación también surge clara de la conducta adoptada por Rivero posterior al hecho, de querer reanimar a la víctima, inmediatamente después de la ocurrencia del hecho. En suma, entendió que no resulta posible ni siquiera adoptando una postura relativa a la distinción entre dolo eventual y culpa más gravosa para el imputado asumir que en el caso se hizo presente una situación de dolo eventual”, dijo y pidió que la resolución de primera instancia sea confirmada, según se lee en el fallo de Casación.  

Por su parte, el abogado defensor de Rivero, César Jaime, dijo que “resulta muy difícil entrar a la mente de quien accionó el arma, no se puede dejar de analizar la amistad, las secuencias de bromas entre quien perdió la vida y mi cliente”.

En ese tramo, recordó la reacción de Rivero cuando su amigo recibió el disparo. “Lo primero que hace Rivero es decir ‘qué hice’ y Espinosa le dice ‘qué hiciste boludo’, en ningún momento Rivero dijo que lo iba a matar o que con esa arma se podía matar, sí que se podía tirar, lo declaró él y los testigos en debate”.

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LA RESOLUCIÓN DE LOS JUECES

Los tres jueces de la Cámara de Casación Penal coincidieron con la Fiscalía y la defensa. El voto que fundamentó esa postura lo realizó la jueza Marcela Badano. “En primer lugar, comparto lo señalado por las otras partes, Defensa y Fiscalía, respecto de la necesidad de que la sentencia sea atacada presuponiendo un acto inválido, y dando las razones sobre por qué entiende el recurrente que estamos ante un acto así. Si se enuncia y se llega hasta esta instancia de casación indicando que la prueba fue mal valorada, eso trae ínsito el deber de la parte de indicar cuál prueba, de qué modo se la ignora, y por qué se llega, en su caso, a erróneas conclusiones; en un sistema de recursos escasos, esa responsabilidad de la parte que se queja es ineludible: el código procesal así se lo indica precisamente, en esa axiología”, señaló en la primera parte de su resolución.

En ese sentido, destacó que “la sentencia del Tribunal tiene en cuenta lo dicho por los testigos Ojeda y Luque (NdelaR: amigos de Espinosa) sobre el modo en que se desarrolló el suceso, que coincide con lo declarado por el imputado, que había referido el contexto de broma en el que sacó el arma y se puso a charlar con Sebastián Espinosa, que había ingresado al lugar junto con Ojeda y Luque, y que durante la charla carga y cierra el arma, quedó montada, y en su manipulación, tocó el gatillo, que era celoso -lo que confirmó el perito- y se disparó el arma”.

Enseguida, la magistrada resaltó la desesperación de Rivero cuando el arma se disparó contra Espinosa, y “la relación de amistad que los unía a ambos, y las demás circunstancias posteriores”.

A su vez, indicó que “el disparo se produce durante una amena charla entre Rivero y Espinosa, circunstancia en la que Rivero manipuló el arma de manera imperita, en el marco de una broma, manipulando un arma recién reparada, por lo que tenía el gatillo sensible -al sólo tocarlo se disparó-“.

Tras ello, entendió que “encuadra el accionar de Rivero en el delito de homicidio imprudente considerando que manipuló la escopeta sin los conocimientos necesarios”, y  “que el accionar de Rivero se debió a una grave imprudencia, sin conocer ni representarse la grave aptitud lesiva de la conducta para el bien jurídico vida”.

“La falta de representación del peligro por parte de Rivero también la conecta el Tribunal con la actitud posterior de éste, que todos los testigos coinciden en señalar: así, el oficial Welsch, que llegó al lugar inmediatamente, y a quien Rivero desesperado le dijo ‘llevame preso que yo lo maté’”, destacó luego la jueza Badano.

Además, entendió que la querella intentó “ingeniosa y esforzadamente” fraccionar la acción de Rivero que terminó con la muerte de Espinosa. No obstante, consideró que “la división de las acciones no aparece en el relato de los testigos de ese modo, sino más bien como un episodio en el que la broma, la charla y el juego sobre las armas y las formas se desatienden, en una manipulación inexperta, temeraria, sí con una frívola falta de consideración, y sin siquiera reparar las condiciones del gatillo, que hacían que se disparara fácil”.

“La especial situación de Rivero, a lo que se le añadió que era la primera vez que utilizaba el arma, no permite afirmar que se hubiera representado que el riesgo que estaba tomando, hubiera concluido en resultado muerte. Y si a ello se agrega el error del arma que manipulaba, que estaba acostumbrado a manipular armas que se manejan en forma distinta y con un peso sobre la cola distinta, no tendremos la representación requerida del dolo eventual. Por lo que estimo la calificación de la conducta de Rivero como homicidio imprudente es correcta, y no cabe hacer lugar al recurso de la parte querellante, rechazándose el recurso interpuesto, con costas al recurrente”, concluyó. A su voto adhirieron los jueces Hugo Perotti y Marcela Davite.

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